La plaza de San Marco es el centro, el corazón de Venecia,
mientras que los canales son las arterias. Originalmente, durante
los primeros años de la ciudad, en la explanada de San
Marco había un faro, dos iglesias pequeñas y el
amplio huerto de unas monjas que en el siglo IX lo cedieron a
la comunidad para que fueran construidos la basílica y
el palacio Ducal.
Hoy en día San Marco es el punto de referencia, y con
toda seguridad el lugar donde se concentra mayor número
de visitantes. Si se tiene en cuenta que más de doce millones
de personas visitan cada año Venecia, no es de extrañar
que en San Marco se encuentre diariamente una importante concentración
de turistas. Por este motivo, lo mejor es pernoctar en la isla
y pasear por San Marco al atardecer, cuando todo está mucho
más tranquilo. Entonces es el momento de caminar bajo los
arcos de la plaza, curiosear en las tiendas y pararse a tomar
un café en Florian, uno de los lugares del mundo donde
el café se paga más caro, pero que permite conocer
un escenario real mente clásico, casi anacrónico
y divertido. En un extremo de la plaza se alza el Campanille.
Tiene una altura de 98 metros y fue inaugurado por primera vez
el año 912; desde entonces fue uno de los edificios más
emblemáticos de Venecia. El tejado, construido en bronce,
reflejaba la luz solar y era una especie de faro diurno que los
navegantes tenían presente cuando ponían rumbo hacia
Venecia.